Siempre que nos enfrentamos en un debate o charla, comúnmente caemos en el error de poner a toda costa, nuestras ideas y pensamientos por encima del sentir y pensar de nuestros interlocutores. La falta de escucha y humildad, nos enceguecen y nos perdemos la oportunidad de crecer personalmente con las apreciaciones del otro, o lo que es peor nos quedamos en la ignorancia al negarnos a aceptar que más allá de lo que sé y pienso hay todo un mundo de conocimiento y riqueza que podría aprovechar.
A continuación quiero compartir unos pensamientos de un ilustre escritor mexicano, que me fueron enviados y que tengo la certeza de que te va a gustar.
No quiero convencer a nadie de nada
Tratar de convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la gana.
Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar; no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién es quién para decir "esto es así", si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?)
Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte.
Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo posible!)
Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.
No tengo ningun deseo que me digan que la luna es diferente a mis sueños.
Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar; no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién es quién para decir "esto es así", si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?)
Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte.
Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo posible!)
Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.
No tengo ningun deseo que me digan que la luna es diferente a mis sueños.
Jaime Sabines
No hay comentarios:
Publicar un comentario